Con la llegada del otoño vuelven las chaquetas, los primeros cambios de temperatura y también una preocupación habitual en muchas familias: la gripe. Si tienes cerca a una persona mayor, probablemente cada año por estas fechas te hagas las mismas preguntas. ¿Debería vacunarse ya? ¿Qué podemos hacer en casa para reducir el riesgo de contagio? ¿Una gripe puede afectarle más que a una persona joven?
La gripe en personas mayores merece especial atención porque, con la edad, el organismo puede tener más dificultades para responder ante determinadas infecciones. Esto no significa vivir el otoño con preocupación, sino conocer algunas medidas sencillas que pueden ayudarnos a prevenir.
Andalucía ya ha comenzado su campaña de vacunación frente a la gripe
La Junta de Andalucía ha iniciado el 1 de octubre la campaña de vacunación frente a la gripe 2026-2027, comenzando por distintos colectivos vulnerables, entre ellos residentes y trabajadores de centros de mayores y discapacidad. La incorporación de los diferentes grupos se realiza de forma escalonada.
Además, en Andalucía se recomienda la vacunación anual frente a la gripe a las personas de 60 años o más.
Por eso, si cuidas de tus padres, abuelos o de otra persona mayor, este puede ser un buen momento para consultar su situación concreta en el centro de salud y comprobar cuándo le corresponde vacunarse.
¿Por qué prestamos más atención a la gripe en personas mayores?
Muchas veces hablamos de la gripe como si simplemente fuera “un resfriado fuerte”, pero no son lo mismo.
Las autoridades sanitarias consideran a determinados grupos de población más vulnerables frente a sus posibles complicaciones y, precisamente por ello, la vacunación se dirige especialmente a quienes presentan mayor riesgo.
La edad, además, puede coincidir con enfermedades crónicas u otras circunstancias que hagan necesario prestar más atención a la evolución de una infección. Lo importante es no dar por hecho que cualquier malestar “es normal por la edad” ni tampoco alarmarnos ante cualquier estornudo.
Prevenir la gripe también empieza en casa
Hay pequeños hábitos que probablemente ya conoces, pero que merece la pena recordar cuando convivimos o pasamos mucho tiempo con una persona mayor.
Lavarnos las manos con frecuencia, cubrirnos al toser o estornudar, ventilar los espacios cerrados y reducir el contacto con otras personas cuando tenemos síntomas son algunas de las recomendaciones del Ministerio de Sanidad para reducir la transmisión de infecciones respiratorias. También recomienda el uso de mascarilla cuando existen síntomas respiratorios y contempla su utilización como protección en personas vulnerables, especialmente en espacios cerrados.
Pensemos en una situación muy común: llegas a visitar a tu madre y llevas todo el día con tos, congestión y malestar. Quizá ese día mantener cierta distancia o posponer la visita sea también una forma de cuidarla.

¿Qué podemos observar si una persona mayor tiene gripe?
Además de seguir las indicaciones de los profesionales sanitarios, conviene prestar atención a cómo se encuentra la persona en su día a día.
¿Está comiendo y bebiendo con normalidad? ¿Se encuentra mucho más cansada de lo habitual? ¿Puede levantarse y realizar sus actividades habituales? ¿Ha aparecido algún cambio importante en su estado general?
Conocer sus rutinas ayuda mucho. Quien acompaña diariamente a una persona suele detectar enseguida cuándo “hoy no está como siempre”. Ante síntomas preocupantes, un empeoramiento importante o cualquier duda sobre su estado, lo adecuado es consultar con los servicios sanitarios.
Cuidar también es anticiparse
No podemos evitar todos los virus que circulan durante el otoño y el invierno, pero sí podemos incorporar hábitos que reduzcan riesgos. Revisar cuándo corresponde la vacunación, mantener una buena higiene de manos, ventilar la vivienda, evitar visitas cuando estamos enfermos y prestar atención a cambios en el estado de la persona son gestos sencillos que suman.
Y cuando una persona mayor necesita apoyo diario, contar con alguien que esté pendiente de sus rutinas, alimentación, higiene, medicación prescrita o acompañamiento también puede aportar tranquilidad a toda la familia.
Porque muchas veces cuidar no consiste en hacer algo extraordinario. Consiste en estar, observar y adelantarnos a esas pequeñas necesidades que aparecen en el día a día.


