Puede que te resulte familiar esta situación: en casa la temperatura parece agradable, pero tu padre, madre o abuelo sigue buscando una chaqueta o pide que cierres la ventana porque tiene frío. Incluso en días templados, algunas personas mayores necesitan más ropa que el resto de la familia.
Pero ¿por qué muchas personas mayores tienen frío con tanta frecuencia? Con la edad se producen cambios en el organismo que pueden hacer que resulte más difícil conservar el calor corporal. La mayoría de las veces tiene una explicación sencilla, aunque también existen situaciones a las que conviene prestar atención.
¿Sentir más frío al hacerse mayor es normal?
En cierta medida, sí. Nuestro organismo cambia con los años y también lo hace su capacidad para regular la temperatura. Con el envejecimiento puede disminuir la cantidad de grasa bajo la piel, que funciona como aislante natural.
También se pierde masa muscular y la circulación puede volverse menos eficiente. Todo ello hace que conservar el calor resulte más complicado. Por eso, dos personas que están en la misma habitación pueden percibir temperaturas completamente diferentes.
La pérdida de masa muscular también influye
La musculatura no sirve únicamente para movernos. También participa en la producción de calor corporal.
Con el paso de los años es habitual perder cierta cantidad de masa muscular, especialmente cuando existe poca actividad física. Esto puede contribuir a que una persona sienta frío con mayor facilidad. Mantenerse activo dentro de las posibilidades de cada persona es, por tanto, importante para conservar la fuerza, la autonomía y el bienestar general.
Caminar, realizar ejercicios adaptados o simplemente evitar pasar demasiadas horas sentado puede ayudar.
Las manos y los pies suelen notarlo primero
Las extremidades suelen ser especialmente sensibles a los cambios de temperatura. Cuando la circulación sanguínea es menos eficiente, manos y pies pueden enfriarse antes.
Utilizar calcetines adecuados, calzado cómodo y ropa que mantenga el calor puede mejorar mucho el confort. Eso sí, conviene evitar aplicar fuentes de calor excesivamente intensas directamente sobre la piel, especialmente cuando existe menor sensibilidad.
La alimentación también puede tener relación
Una alimentación insuficiente puede dificultar que el organismo mantenga correctamente su temperatura.
Algunas personas mayores reducen progresivamente la cantidad que comen debido a falta de apetito, problemas dentales, dificultades para cocinar o simplemente porque viven solas y pierden interés por preparar comidas completas. Por eso es importante comprobar que mantienen una alimentación variada y suficiente.
Las comidas calientes como cremas, sopas o guisos pueden resultar especialmente agradables durante los meses más fríos, además de contribuir a una buena hidratación.

¿Y si tiene frío aunque la casa esté caliente?
Aunque sea frecuente que las personas mayores tengan frío, no debemos asumir automáticamente que siempre se debe a la edad. Sentir frío de forma constante también puede estar relacionado con determinadas condiciones de salud, pérdida de peso o algunos tratamientos.
Si aparece de repente, es mucho más intenso que antes o viene acompañado de otros síntomas como cansancio excesivo, debilidad, palidez, cambios importantes de peso o malestar general, conviene comentarlo con un profesional sanitario.
También es recomendable revisar periódicamente la medicación con los profesionales correspondientes y nunca modificar un tratamiento por cuenta propia.

Cómo ayudar a una persona mayor que siente mucho frío
En casa podemos adoptar algunas medidas sencillas para mejorar su comodidad:
- Mantener una temperatura interior agradable y estable.
- Utilizar varias capas de ropa fina en lugar de una única prenda muy gruesa.
- Prestar especial atención a manos y pies.
- Evitar corrientes de aire.
- Favorecer el movimiento durante el día siempre que sea posible.
- Mantener una alimentación e hidratación adecuadas.
- Tener mantas accesibles en las zonas donde pasa más tiempo.
También es importante escuchar a la persona. Si nosotros estamos cómodos en manga corta no significa que ella perciba la temperatura de la misma manera.
No todo es “porque se está haciendo mayor”
Cuando nuestros familiares envejecen es fácil atribuir cualquier cambio a la edad. Sin embargo, observar su comportamiento cotidiano puede ayudarnos a detectar necesidades nuevas.
Que las personas mayores tengan frío con más facilidad puede formar parte del envejecimiento natural, pero también merece atención si supone un cambio importante respecto a sus hábitos habituales.
Adaptar la temperatura de casa, cuidar la alimentación, fomentar una vida activa y prestar atención a posibles señales de alerta son pequeños gestos que pueden mejorar mucho su bienestar.
Porque cuidar también consiste en fijarnos en esas pequeñas cosas del día a día que, aunque parezcan insignificantes, pueden hacer que una persona se sienta mucho más cómoda y acompañada.


